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Masticar chicle o comer caramelos reduce el riesgo de dormirse al volante


Dos estudios muy interesantes sobre la fatiga al volante se han dado a conocer en los últimos días, por un lado el publicado por la Universidad de Zaragoza y por otro el del RACE.

Según el primero de ellos se realizaron ensayos con 40 personas que no habían dormido en 19 horas, desvelando que el 67% de los conductores que masticaban chicle o comían caramelos presentaban un tiempo de reacción inferior al resto.

Cuando lo normal es reaccionar en un segundo, el fatigado lo realiza en dos, lo que circulando a 120 km/h supone alargar la distancia en 33 metros por segundo. Sin embargo, los que provocaron la excitación de las pupilas gustativas estaban más atentos, por lo que su concentración era mayor que los demás conductores que no se aplicaron al chicle o al caramelo.

Por otra parte el RACE y la revista de motor Autopista han realizado un informe en el que se ha estudiado los efectos de la fatiga durante la conducción. Entre los resultados más importantes, destaca el que, al cabo de las 4 horas de conducción continuada, el tiempo de reacción de los conductores bajo los efectos de la fatiga se duplica, con el consiguiente riesgo de accidente.

En la actualidad, y según los datos disponibles, la fatiga es la responsable de alrededor del 30% de los accidentes de tráfico, ya que dificulta la concentración, aumenta nuestro tiempo de reacción ante un imprevisto (tardamos más en pisar el freno) y consigue que nos equivoquemos más fácilmente en la estimación de velocidades y distancias. La fatiga se presenta normalmente a la finalización de los trayectos, cuando vamos llegando a nuestro destino. Por un lado, las ganas de finalizar el viaje, y por otro, las posibles retenciones que pueden aparecer en los accesos de entrada del lugar de vacaciones, pueden aumentan los riesgos, al estar bajo la fatiga y la reducción de las capacidades de conducción.

En el Circuito del Jarama, con la ayuda de 16 conductores, se trató de conocer cómo incide la fatiga en la conducción y la forma de reducir sus efectos. Para ello, y durante 6 horas, los 16 conductores que participaron en la prueba realizaron un recorrido en el que simularon un trayecto por carretera. Los resultados obtenidos a través de las entrevistas personales, los cuestionarios de autopercepción de la fatiga, y las pruebas psicofisiológicas mostraron que, al cabo de la 4 horas, el conductor percibe de manera clara y contundente los efectos de la fatiga en el organismo. El usuario sabe que está bajo los efectos de la fatiga, lo que no conoce son los riesgos de esta situación. Cansancio de espalda, picor de ojos, error en la estimación de las distancias y aumento del tiempo de reacción, son los principales síntomas con los que se manifiesta la fatiga en los conductores, lo que supone un riesgo importante a la hora de evaluar una situación de conducción.

Las diferencias encontradas entre los grupos de conductores, el primero de ellos sin formación preventiva y un segundo colectivo que siguió una serie de consejos y recomendaciones, mostraron que aquellos conductores que recibieron en momentos previos al viaje la formación y las recomendaciones del grupo de psicólogos, retrasaron considerablemente la aparición de la fatiga, obteniendo mejores resultados en la medición del tiempo de reacción y en la estimación de las distancias.



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