Jueves, 31 de Julio de 2014

En los incendios del mes de julio se quemaron 12.218 hectáreas en las Villuercas y los Ibores. Los municipios más afectados fueron Alía, Cañamero, Navalvillar de Ibor y Castañar. Entre las pérdidas ecológicas se encuentran castañares, pinares, olivares, frutales, dehesas y fincas de monte bajo, al igual que la riqueza cinegética y las colmenas de las zonas más castigadas.

No todo es negro en Villuercas e Ibores.

Las dos comarcas luchan para desmentir la imagen de que el fuego se lo llevó todo, y muestran parajes verdes, donde la huella del incendio es imperceptible

Según la Junta de Extremadura, el fuego devoró 12.200 hectáreas (9.900 en Las Villuercas) y 2.300 en Los Ibores), de las que 5.600 eran de arbolado. «Una catástrofe», repite Pedro Alfonso Diosdado antes de añadir el 'pero' optimista. Su análisis bien podría basarse también en las cifras: entre las dos comarcas ocupan unas 260.000 hectáreas, y sólo la Zepa (Zona de Especial Protección para las Aves), que reúne los parajes de mayor valor por su flora, fauna y paisaje, tiene 67.800.

Un recorrido liviano por ellas permite comprobar que hay mucha ceniza, pero también muchos paisajes de una belleza sorprendente, donde se mezclan el bosque mediterráneo y el caducifóleo, algo difícil de encontrar en cualquier otro lugar de Europa. Allí, entre el verde a los pies y el azul en la lejanía, con el sonido de fondo de pájaros que trinan y el del agua que corre perezosa entre riscos, la huella del incendio es imperceptible.

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