Situaci�n econ�mica mundial.  Qu� hacer con los ahorros

Carlos Ureta

Economista.  Presidente de Renta/4 Sociedad de Valores y Bolsa

Quisiera expresar mi satisfacci�n por poder hablarles del panorama econ�mico y de los mercados de inversi�n, financieros; de la Bolsa, por emplear la palabra m�s habitual. Desde luego, lo que hoy en d�a pasa en estos mercados interesa a todos los ciudadanos; no s�lo al que invierte en Bolsa, sino tambi�n al que no lo hace, tanto si se trata de una empresa que cotiza como si no. A m� me gusta mucho citar una frase que pronunci� hace unos meses Jack Welch, el presidente durante m�s de 30 a�os de General Electric, la mayor compa��a industrial norteamericana, en una entrevista que se le conced�a en la revista norteamericana �Fortune� con motivo de su jubilaci�n. Le preguntaban qu� era, a su juicio, lo que m�s hab�a cambiado en la econom�a mundial en sus 30 a�os de presidencia en General Electric y respond�a que, sin duda, el papel que juegan las bolsas de valores, �un papel m�s grande �dec�a� que nunca�. Pues bien, adicionalmente a esto, la empresa que tengo el honor de dirigir desde hace ya 15 a�os, Renta 4, dedica sus servicios y su foco de atenci�n a los servicios de inversi�n especializados en el mercado de valores. Ya se han cumplido seis meses desde los atentados del 11 de septiembre, que supusieron una enorme conmoci�n no s�lo en la vida pol�tica y social del ciudadano, sino tambi�n en la vida econ�mica y empresarial. Estoy seguro de que dichos atentados van a marcar con sus consecuencias, lo est�n haciendo ya, los primeros a�os de este siglo XXI que ahora empieza, as� como la vida de los mercados de valores; por eso creo muy interesante analizar fr�amente, con objetividad y serenidad, dichas consecuencias.

Para ello, sin m�s pre�mbulos, me gustar�a iniciar la exposici�n volviendo la vista atr�s, hacia la situaci�n econ�mica de fines del a�o 2000 e inicios del a�o 2001. En este tiempo, era ya bastante evidente que ven�a una ralentizaci�n, una crisis, en definitiva, de la actividad econ�mica. Se ve�a que aquel ciclo de crecimiento maravilloso que hab�a tenido lugar en los �ltimos a�os del siglo XX estaba entrando en una fase de desaceleraci�n. Sin embargo, hubo un tremendo error generalizado en la percepci�n de �sta; a fines del 2000, se pens� que est�bamos ante una crisis esencialmente c�clica, seg�n la idea de que, tras muchos a�os de crecimiento, la empresa hab�a generado unos inventarios que hab�a que limpiar y reducir para que se volviese al ciclo de crecimiento. Adem�s, se cre�a que estaba esencialmente centrada en la econom�a norteamericana y que, por tanto, no iba a afectar, o quiz� muy levemente, como un �leve viento�, como dec�a el presidente del Banco Central Europeo, a la econom�a europea. Entonces, al contemplarse esta crisis de tal modo, se pens� que ser�a una crisis pasajera, transitoria, poco profunda en la actividad econ�mica, que pod�a pasar f�cilmente con unas simples y suaves bajadas del tipo de inter�s y del precio del petr�leo. Pero a lo largo del a�o 2001, especialmente en junio, se comprob� que esta percepci�n ben�vola o ingenua de la crisis era un craso error; esta crisis, muy por el contrario, era estructural, de sobreinversi�n en todos los sectores econ�micos y de sobrecapacidad en todas las �reas de la industria y de la econom�a. O sea, que nada ten�a que ver con movimientos c�clicos, sino que hac�a temblar los cimientos y las capacidades del modelo econ�mico. Por otra parte, por si fuera poco, se vio claramente que era una crisis global; es decir, la desaceleraci�n era sincronizada en todas las �reas del mundo: Estados Unidos, Europa y, por supuesto, Jap�n. Esto, unido a todo lo anterior, nos hizo concluir, al fin, que no se trataba de una crisis pasajera, sino de una crisis duradera y mucho m�s profunda de lo que ingenuamente se hab�a pensado a fines del a�o 2000. Adem�s, hubo dos circunstancias coadyuvantes, en los primeros meses de aquel a�o, que resultaron todav�a m�s inquietantes: primero, el petr�leo no bajo de precio pese a la crisis econ�mica, a la menor demanda causada por la desacelaraci�n econ�mica; es m�s, se mantuvo en los 30 d�lares hasta despu�s de los famosos atentados. Y, segundo, Europa no quiso tomar el relevo de la econom�a norteamericana, lo que agrav� la realidad y la percepci�n de la crisis. Efectivamente, el Banco Central Europeo no quiso bajar los tipos de inter�s y opt� por lo m�s conservador, por lo m�s prudente: la estabilidad econ�mica frente al fomento por medio de reformas estructurales y bajadas del tipo de inter�s.

 

Ahora bien, �por qu� se hab�a generado una crisis tan profunda? Creo que, para responder a esta pregunta, es muy importante analizar el modelo de crecimiento que tuvo lugar en los �ltimos a�os del siglo XX; concretamente, del a�o 1995 al a�o 2000. De esa manera, podremos comprobar tanto lo que de bueno tuvo aquel ciclo de crecimiento como los grandes vicios y desequilibrios que �ste provoc�. Para empezar, el Dow Jones, en estos cinco a�os, experiment� una tremenda subida en la Bolsa de Nueva York; subida que le transport� de niveles del 3.500 a niveles del 11.000. Claro que todas las bolsas mundiales subieron de forma espectacular gracias a que, como digo, hab�a un buen modelo de crecimiento que funcionaba. Y ese modelo de crecimiento que nos proporcionar� m�s adelante las causas de la crisis actual es lo que podr�amos denominar el modelo D�lar Fuerte, que surge en Estados Unidos hacia el a�o 1993 mediante la aplicaci�n, por parte del presidente Clinton y de su equipo de asesores econ�micos, de las llamadas �pol�ticas de productividad� (hoy en d�a, nos suenan a todos, pero en aquella �poca fueron realmente rompedoras en el �mbito de la pol�tica econ�mica), basadas en reducir el gasto p�blico y, en consecuencia, el d�ficit para liberar recursos financieros de la empresa privada; es decir, basada en reducir agresivamente los tipos de inter�s para impulsar a la empresa privada mediante la financiaci�n m�s barata y fomentar, as�, la competencia muy activa en todos los sectores econ�micos al tiempo que se evitaba la inflaci�n.

 

En definitiva, la idea era que una fuerte competencia y liberalizaci�n de los sectores unida a una financiaci�n barata y a menos gasto p�blico iba a promover la productividad, y, de hecho, as� ocurri�: en esos a�os, la econom�a norteamericana inici� una especie de shock positivo de productividad que, por explicar de alguna manera, es lo mismo, pero al rev�s, que el shock negativo del petr�leo en los a�os 70. Es un proceso en el cual se produce la misma unidad de producto pero con menos costes por unidad, lo que permite reducir dichos costes, evidentemente, permite pagar mejores retribuciones salariales y, sobre todo, permite y provoca una mayor rentabilidad del capital invertido. Entonces, esta mayor rentabilidad del capital invertido provoc�, como consecuencia, un flujo de capitales hacia la econom�a norteamericana, que invirtieron en ella porque vieron que exist�a una mayor rentabilidad del dinero invertido. A su vez, ese flujo de capitales provoc� una moneda fuerte gracias a su gran demanda del d�lar (a partir de los a�os 1994 y 1995, empez� a subir fuerte). Y, por �ltimo, dicha moneda, unida a la productividad y a la rentabilidad de los capitales, gener� lo que todo inversor querr�a, una estabilidad monetaria tendiente al alza y una buena rentabilidad del capital, con lo cual, se realiment� el sistema de muchos capitales que flu�an hacia la econom�a norteamericana. De esta manera, dicho modelo provoc� una serie de consecuencias muy positivas; entre las m�s importantes, que la econom�a norteamericana de ese quinquenio se convirti� en el aut�ntico motor de la econom�a mundial, en el motor que arrastraba a todas las restantes econom�as, que tiraba de todas ellas. As�, se dio lugar al modelo Econom�a de Ricitos de Oro, del que, todav�a muy recientemente, Robert Rubin, el secretario del Tesoro americano en la �poca de la administraci�n Clinton, dec�a que tanto a �l mismo como a su equipo de colaboradores les hab�a sorprendido lo bien que hab�a funcionado.

 

A ese crecimiento econ�mico constante, sin inflaci�n y sin tensiones, tambi�n podr�amos denominarlo modelo de Motor �nico. En todo caso, por dar alg�n dato cuantitativo, en todos esos a�os, la econom�a norteamericana vino a ser la cuarta parte de la econom�a mundial; es decir, el 25% de �sta. Adem�s, aport� al crecimiento de la econom�a mundial m�s del 50%; o sea, m�s del doble de lo que correspond�a a su posici�n relativa en la econom�a global. Y otro dato muy interesante, repetido varias veces y tremendamente ilustrativo, es que, en los �ltimos 10 a�os, solamente ha habido un a�o, el 2001, en el que la econom�a americana ha crecido por debajo del 3% y, a su vez, solamente ha habido un a�o, el 2000, en el que la econom�a de la zona euro ha crecido por encima de ese 3%. Sin duda, esto da idea de c�mo era ese modelo, de c�mo estaba funcionando ese modelo de Motor �nico, dec�a, muy ayudado por esos capitales que flu�an de forma muy generosa hacia aquella econom�a tambi�n muy generosamente financiada. Funcion�, efectivamente, muy bien y ya hemos visto la consecuencia en los mercados burs�tiles.

 

Sin embargo, acab� creando una serie de desequilibrios, de consecuencias negativas, que no se pudieron comprobar fehacientemente hasta el a�o 1998 y que podr�amos resumir de la siguiente manera: en primer lugar, hubo una sobreinversi�n empresarial en todas las �reas de la industria con capitales muy generosos; se invirti� de m�s en unos mercados para los que no hab�a demanda y para los que iba a tardar mucho tiempo en haberla (quiz� un dato relevante al respecto sea que las redes de fibra �ptica de �ltima generaci�n, hoy en d�a, todav�a se utilizan en un 5% de la capacidad instalada; es decir, que un 95% no lo utiliza porque, sencillamente, no lo demanda nadie). En segundo lugar, se cre� el llamado �efecto burbuja�; hab�a mucho dinero fluyendo hacia la Bolsa americana y eso provoc� una subida de �sta en parte correcta, porque respond�a a un crecimiento econ�mico; pero s�lo en parte, ya que, sobre todo en los �ltimos a�os, se comprob� que fue un efecto de exceso que nada ten�a que ver con la realidad econ�mica. En tercer lugar, se produjo un sobrendeudamiento de las familias norteamericanas �tambi�n de las europeas, mas sobre todo en �stas�, que en aquella �poca gozaban de buenas remuneraciones. Hab�a un escenario econ�mico con un horizonte despejado, claro, y la Bolsa sub�a, como los inmuebles, por lo que comenzaron a gastar no s�lo su renta, sino tambi�n m�s que �sta. As�, pasaron de no generar ahorro a absorberlo. Y en cuarto y �ltimo lugar, y relacionado con lo anterior, el modelo de Motor �nico cre� una econom�a que compraba mucho al exterior pero que vend�a poco, por lo que ten�a d�ficit comercial. Toda econom�a que est� gastando mucho pero que no genera ahorro tiene dependencia financiera externa, lo que se sostiene mientras el d�lar est� fuerte, mas resulta tremendamente peligroso porque crea dependencia financiera externa.

 

As� que �sos son los cuatro desequilibrios b�sicos que provoc� el modelo D�lar Fuerte y que son la g�nesis de la crisis econ�mica que hemos padecido desde principios del a�o 2000. Desequilibrios que todav�a est�n ah�, sobre el tapete, que est�n en fase de correcci�n y que se comenzaron a percibir ya en el a�o 1998. Ustedes recordar�n que, en el verano de ese a�o, hubo una crisis burs�til muy importante; pues bien, en ese momento, los mercados ya estaban indicando que el modelo de crecimiento empezaba a agotarse, que ya no ten�a un recorrido, que realmente se aceleraban ciertos vicios ya citados. S� que entonces la pregunta ser�a: �por qu� no se empez� a corregir dicho modelo en ese a�o y, por el contrario, s� se dej� que se prolongara el ciclo econ�mico hasta principios del a�o 2000? Yo creo que la respuesta a esta pregunta est� tremendamente influida por el llamado �efecto 2000�, que, como recordar�n, fue aquella alarma que se gener� seg�n la cual los sistemas de computaci�n, al llegar el paso del a�o 1999 al a�o 2000, iban a fallar, no iban a reconocer este �ltimo. Afortunadamente, no tuvo lugar, pero hay que recordar que algunos supersticiosos y reputados economistas llegaron a predecir que el PIB mundial caer�a entre un 5 y un 10% a partir del a�o 2000, y eso cre� una verdadera inquietud que provoc� precisamente no lo esperado, pues todo sigui� funcionando a la perfecci�n, sino dos consecuencias negativas tremendamente importantes que prolongaron los vicios del modelo D�lar Fuerte.

 

Dichas consecuencias se manifestaron en el plano de la econom�a real y en el plano de la econom�a financiera. En el primero de ellos, como consecuencia de la prevenci�n del efecto 2000, durante el a�o 1999, se invirti� much�simo en sistemas inform�ticos, en software, en equipamientos, por lo que hubo una gran demanda sobre todo en el sector tecnol�gico. �Qu� ocurri�? Que muchos analistas extrapolaron esa gran demanda y creyeron que a partir del a�o 2000 iba a haber un enorme crecimiento de ese sector tecnol�gico; es decir, distorsionaron la realidad y extrapolaron al futuro algo que no era extrapolable, por lo que ocasionaron la sensaci�n de que hab�a que invertir mucho en dicho sector y, en consecuencia, hicieron caer en la sobreinversi�n al dedicar sus esfuerzos a una capacidad productiva que realmente no correspond�a a una demanda ni presente ni previsiblemente futura. As� fue como se provoc�, entonces, la distorsi�n en la econom�a real. En cuanto a la financiera, y tambi�n como consecuencia de esa prevenci�n con respecto al a�o 2000, los bancos centrales inyectaron much�sima liquidez a los mercados financieros en noviembre del a�o 1999 porque se pensaba que quiz� no tendr�an dinero si los cajeros no funcionaban, por ejemplo. Liquidez que se empez� a bregar en las llamadas �subastas de drenaje de liquidez� a partir de marzo del 2000; o sea, que la sobreinyecci�n de liquidez comenz� a ahondar en algo que ya era un problema: el enorme flujo de capitales hacia el sector tecnol�gico, amparado, adem�s, por la excusa de que en ese sector iba a haber un crecimiento exponencial de la demanda cuando en realidad se trataba de una distorsi�n provocada, como ya he dicho, por el efecto 2000. De esta forma, dicho efecto prolong� todav�a m�s los nocivos vicios del modelo D�lar Fuerte y del modelo Motor P�blico.

 

�En qu� punto nos encontramos ahora? Realmente, �d�nde seguimos estando? A m� me gusta describir el proceso actual en el que estamos y en el que probablemente seguiremos al menos durante unos meses como el proceso de desactivaci�n controlada del modelo D�lar Fuerte, esto es, un proceso de correcci�n, lo m�s controlado posible, de esos enormes desequilibrios que provoc� el ciclo de vencimiento anterior. Desequilibrios que, como ya hemos visto, fueron realmente importantes, graves y de los cuales alguno a�n sigue teniendo influencia porque no se ha llegado a corregir del todo. Eso significa que todav�a no hemos finalizado este proceso pero que ya queda menos puesto que parte del mismo ya se ha hecho. Sea como fuere, el caso es que este proceso de correcci�n tambi�n lo es de b�squeda de un modelo alternativo de crecimiento que necesariamente tiene que pasar por el crecimiento global, por el crecimiento de todas las �reas econ�micas, no s�lo de la norteamericana. Quiz� una de las cosas m�s inquietantes, a tenor de los datos de este a�o 2002, sea que la econom�a norteamericana est� dando muy buenos datos de crecimiento y no ocurra lo mismo con la econom�a europea; sobre todo, con las econom�as de Europa central, como en el caso de Alemania. No obstante, se podr�a afirmar claramente que ese proceso de desactivaci�n controlada del D�lar Fuerte est� yendo bastante bien aun cuando no va al ritmo deseado. Como ya he comentado, Europa opt� por la estabilidad en su momento, y no por el crecimiento, y sigue su propio ritmo, no el ritmo americano, a pesar de lo que el proceso est� funcionando correctamente, en mi opini�n. El �nico problema, insisto, es que no est� acabado todav�a.

 

 Ahora, �c�mo han reflejado las bolsas toda esta situaci�n? En el Ibex del cuatrienio 1998-2002, observamos que el ciclo burs�til a la baja empieza en junio de 1998, lo que ocurre es que luego hay una subida gracias al efecto burbuja entre noviembre del a�o 1999 y marzo del a�o 2000. Y si nos situamos en este �ltimo mes, podemos contar cuatro etapas o fases claramente diferenciadas en la correcci�n de la crisis burs�til comprendida entre los a�os 2000 y 2001: la primera fase de la ca�da burs�til tiene lugar en mayo y junio del a�o 2000, y corresponde a la correcci�n de ese efecto burbuja que hab�a provocado una subida en el sector tecnol�gico; la segunda fase es un aparente asentamiento durante el verano de ese a�o, que nos enga�� a muchos pues se esperaba, una vez corregido el exceso, que el mercado tuviera un comportamiento lateral o ligeramente alcista porque ya se hab�an corregido las exageraciones de la burbuja tecnol�gica. Pero no fue as� y el cuarto trimestre del a�o 2000 supuso la continuaci�n de la ca�da burs�til; el IBEX cay� de 11.000 a 9.000. Durante el a�o 2001, hubo una etapa de altibajos en el que la Bolsa incluso subi� bastante m�s de lo esperado desde el primer mes, manteni�ndose entorno al 9.000 con el que hab�a terminado el a�o anterior, y, en verano, justo antes del 11 de septiembre, tuvo lugar la tercera fase de esa ca�da burs�til, por la cual, el IBEX baj� a 7.800 seg�n la cotizaci�n del d�a previo a los atentados. En esa tercera fase, las bolsas se dedicaron a recoger la segunda percepci�n de la crisis econ�mica, de esa crisis de capacidad estructural y global en la que todas las �reas econ�micas ralentizaron su crecimiento de forma sincronizada. Precisamente en esas fechas, concretamente en agosto, tuvo lugar la crisis de las telecomunicaciones europeas, por ejemplo, porque se comenz� a percibir que el mercado QMT, la tercera generaci�n de telefon�a m�vil, por cuyas licencias hab�an pagado nada m�s y nada menos que casi 30 billones de pesetas, iba a tardar bastante en generar ingresos y, por tanto, beneficios. De esta manera, se lleg� a una situaci�n sin soluci�n de continuidad que dio lugar a la cuarta y �ltima fase de la ca�da burs�til, comprendida entre los d�as 11 y 21 de septiembre y durante la que el IBEX lleg� a niveles del 6.500, seg�n indicaba el cierre tras esos diez d�as.

 

Hay que se�alar que, por supuesto, esta cuarta fase fue puro y duro efecto emocional; la Bolsa no recog�a cifras econ�micas, empresariales, sino la enorme conmoci�n del mundo inversor tras los atentados. Recuerden ustedes que se pensaba, y no sin cierta l�gica, que se pod�a producir una confrontaci�n mundial, conflictos globales, y que cundi� mucho miedo tanto en el mundo burs�til como en el ciudadano en general. Aquel acontecimiento fue realmente traum�tico y fue el causante directo de esa cuarta ca�da. Claro que, como nosotros pens�bamos, afortunadamente, ese efecto emocional se corrigi� r�pidamente; la coalici�n casi mundial para derrotar a la barbarie terrorista tuvo un gran �xito por el que apost�bamos desde un principio, la verdad, y el elemento desestabilizador provocado por la inquietud inicial pas� de largo ante la respuesta contundente de pr�cticamente todos los pa�ses. Gracias a ello, a finales de octubre, los �ndices de las bolsas mundiales recuperaron el nivel que ten�an en los d�as previos al atentado e incluso gozaron de una subida adicional, habida cuenta de que se produjeron dos hechos econ�micos, esta vez s�, muy significativos: la bajada, por fin, del precio del petr�leo el fin de semana del 14 de septiembre, por la que, de los 30 d�lares el barril, se pas� a los 10 d�lares de golpe y, por tanto, resultaba muy positivo porque ahorraba una enorme factura petrolera a todos los pa�ses occidentales, y la bajada sincronizada del tipo de inter�s por parte del Banco Central Americano y del Banco Central Europeo. El lunes 17 de septiembre, medio punto, y, el d�a 5 de noviembre, otro medio punto; un punto en total sincronizado en ambos lados del Atl�ntico. Y, tal como nos parec�a, eso provoc� un impulso burs�til relevante que, a mediados de diciembre, coloc� a las bolsas a un nivel de 8.800.

 

Entonces, una vez repasada la situaci�n anterior, �d�nde nos encontramos actualmente? �C�mo estamos viviendo el mercado, el panorama econ�mico? Para responder a estas cuestiones, en principio, me gustar�a dar una serie de ideas que sean claras y reflejen bien nuestra opini�n. La primera de ellas es que los m�nimos del ciclo bajista se vieron el d�a 21 de septiembre y no van a volver. �Por qu�? Porque es en ese momento de tremenda conmoci�n cuando salen a la luz los m�nimos; un dinero fr�o y anal�tico que compra incluso durante esos tr�gicos hechos porque entiende que los precios son realmente buenos. Pero, dicho esto, tambi�n hay que exponer como segunda idea que, en nuestra opini�n, todav�a no estamos en el ciclo alcista (entendiendo por tal un fen�meno similar al del trienio 1995-1998, en el que los �ndices se dupliquen o tripliquen); es decir, las bolsas no han entrado en �l y no creemos que lo hagan durante el a�o 2002. No se dan las condiciones propicias para ello y, de hecho, esperamos que haya un bajo crecimiento, una baja inflaci�n y bajos tipos de inter�s. Quiz�, como mucho, al final, en el caso americano. Y lo l�gico es preguntarse en qu� tipo de ciclo o de periodo nos encontramos entonces, a lo que les respondo que vivimos en un periodo de estabilizaci�n de los mercados en niveles intermedios del anterior ciclo, algo ya ocurrido en el mercado espa�ol, por ejemplo, en el IBEX comprendido entre los a�os 1987 y 1995, o sea, en la anterior gran crisis burs�til. Por aquella �poca, despu�s de la ca�da inicial del a�o 1987 y durante varios a�os, los m�nimos s�lo fueron palpables con motivo de la invasi�n de Kuwait y del refer�ndum dan�s, en el bienio 1990-1992; sin embargo, las bolsas se estaban moviendo en un terreno intermedio, consolid�ndose, hasta que, a partir del curso 1993-1994 comenz� a vislumbrarse el comienzo del ciclo alcista, claramente definido a partir del a�o 1995. La verdad es que este tipo de periodos de consolidaci�n lateral en bandas amplias son muy t�picos de las bolsas en �pocas posteriores a una crisis econ�mica gorda como la que hemos tenido, la mayor crisis burs�til desde los a�os 70 en t�rminos de porcentaje, y creemos que �se va a ser el comportamiento de los mercados.

 

 Realmente, el escenario de consolidaci�n de los mercados est� entre el 7.500 y el 9.500; o sea, que la banda de fluctuaci�n del mercado espa�ol tiene un soporte claro alrededor del 7.500 y, a nuestro juicio, su techo se encuentra cerca del 9.500. No en vano, ya hemos visto, y no hace tanto tiempo de ello, que el IBEX llegaba al 7.600; por eso creemos que pr�ximamente, si los datos econ�micos demuestran que todo est� funcionando correctamente, llegaremos a la parte alta de la banda. Ahora bien, si me preguntan por qu� el 7.500, �ste es otro asunto sobre el que les puedo responder utilizando dos argumentos. El primero de ellos, fundamental, es que, si la Bolsa fuera l�gica, al coger el �ndice IBEX del a�o 1988 y aplicarle el porcentaje de crecimiento nominal, esto es, el real sumado a la inflaci�n, el PIB de todos estos a�os dar�a un valor de entre 7.500 y 8.000. Es decir, que la Bolsa habr�a ido subiendo hasta situarse en esas cifras porque �sa es la valoraci�n que corresponde al crecimiento econ�mico; por tanto, �sa ser�a la primera raz�n para ver en el 7.500 un soporte s�lido incluso en �pocas de crisis diversas durante este a�o 2002. Y en cuanto al segundo argumento, que explicar� voluntariamente de una forma un tanto vulgar, en el ciclo anterior, la Bolsa subi� desde niveles de 3.000 a niveles de 12.000, por lo que, teniendo en cuenta que en toda subida de los mercados hay una parte de verdad, correspondiente al crecimiento econ�mico y a la subida de beneficios de las empresas, y otra parte de exageraci�n, y que vamos a considerar que la mitad es realidad y la mitad es exceso, si uno toma, entonces, el punto medio de esa subida, nos volvemos a situar en el 7.500. Esto, en mi opini�n, expresa bien por qu� nos estamos fijando en ese tipo de niveles, aunque, por supuesto, en lo que respecta a cada valor concreto, haya argumentos adicionales.

 

As� que, en definitiva, �ste es el escenario en el que nos desenvolvemos. Un escenario en el que hay elementos positivos tales como los costes energ�ticos moderados, que, en nuestra opini�n, pese al reajuste reciente del precio del petr�leo, van a seguir siendo moderados; los tipos de inter�s bajos, que tambi�n van a continuar siendo bajos, y costes laborales igualmente moderados. Todo ello es bueno para las empresas y, sin embargo, todav�a quedan �y �sta ser�a la parte negativa� ciertas correcciones de esos desequilibrios, por lo que a�n veremos noticias no demasiado buenas. Efectivamente, todo indica que el d�ficit comercial norteamericano, por ejemplo, est� de nuevo por encima del 4% de su PIB y tendente a crecer. De hecho, algunas estimaciones hablan ya de una tendencia hecha al 6%, lo que no es un dato bueno e indica que todav�a existen elementos que necesitan un mayor periodo de correcci�n. Tal es el caso del desequilibrio de la sobreinversi�n, que ser� el que antes se corrija porque empieza a crecer la econom�a, aunque sea de forma moderada; o el del desequilibrio comercial y el sobrendeudamiento, que tardar�n un poquito m�s. Pero, sea como fuere, lo importante del asunto es que eso supone haber dejado atr�s los m�nimos burs�tiles, a pesar de que la fuerza alcista de los mercados realmente potentes todav�a no est� cercana. �Y por qu� no est� cercana? Porque, en nuestra opini�n, el mercado alcista volver� cuando vuelva la inversi�n empresarial, y a�n hay mucha sobrecapacidad que no est� utilizada y que debe ser limpiada para, posteriormente, comenzar a invertir.

 

Entonces, �qu� conclusiones se pueden extraer? La primera de ellas, que lo anterior crea un escenario de oportunidades para este a�o 2002 pero tambi�n un panorama en el que quien invierta tendr� que hacerlo con cierta paciencia. El ciclo alcista, el ciclo fuerte, la �poca en la que realmente se gana dinero, est� por llegar, como ya he dicho. Quiz� sea en 2003, en 2004, o quiz� a fines de este a�o 2002, nunca se sabe. Lo cierto es que, efectivamente, esta situaci�n de volatilidad facilita las oportunidades, y, a este respecto, nosotros hemos creado tres reglas muy de andar por casa para que quien las utilice gane dinero; primero, que habr� momentos de oportunidad; segundo, que debemos aprovechar esos momentos, y, tercero, que posiblemente no nos apetezca invertir cuando lleguen esos momentos porque, como ocurri� el 21 de septiembre, el entorno quiz� no sea el m�s adecuado. Por tanto, es mejor fijarse de antemano en niveles en los que, seg�n la opini�n de cada cual, los precios sean atractivos, y, cuando lleguen, pescarlos. �se ser� el aut�ntico momento de oportunidad, para cuyo logro incluso hemos pensado en algunos precios convenientes al caso, dos de los cuales, por cierto, ya se han producido: los 16,5 euros por acci�n de Endesa, aunque ahora est� por encima de 17; los menos de 13 euros de Telef�nica, aunque empez� el a�o a 15; los 12,5 euros por acci�n de Repsol, los 8 del Banco Santander, aunque todav�a no ha llegado y tal vez nunca llegue, o los 12 euros por acci�n del BBVA, a los que a�n tampoco ha llegado. Por supuesto, con ello no quiero decir que comprar a 9 euros la acci�n de un Banco Santander sea una mala inversi�n, porque, con el tiempo, posiblemente sea un precio muy atractivo; no obstante, esto es s�lo una recomendaci�n de los precios rompedores para este a�o 2002, de los que, a nuestro juicio, repito, se recordar�n con el tiempo. Ya he dicho que dos se han visto y el resto no tardar�n mucho en verse, cr�anme.

 

Claro que ustedes se preguntar�n: ��Y por qu� Renta 4 cree que �sas son las oportunidades?�. Para responderles, creo necesario recurrir al mundo acad�mico, de la macroeconom�a, en concreto, y aludir a una de sus pol�micas. Como alguno de ustedes sabr�, hoy en d�a, hay dos grandes visiones de la econom�a mundial. La primera es una visi�n negativa, representada por autores como Robert S. Schiller, autor del famoso libro Exuberancia Irracional, que tanto utiliz� luego Alan Greenspan en sus discursos, seg�n la cual, el quinquenio 1995-2000 no cambi� estructuralmente la econom�a, sino que ese crecimiento tan potente de la econom�a americana fue la consecuencia de la existencia de una moneda fuerte, el d�lar, y un petr�leo barato hasta el a�o 1999, lo que espole� dicha econom�a sin llegar a una mejora estructural ni en Norteam�rica ni en el resto del mundo porque esa mejora, de existir, hubiera significado un incremento de la capacidad potencial de la econom�a, sin inflaci�n y sin desequilibrios. Entonces, para estos autores, lo que ocurre es que hay una burbuja en todo punto de vista, y s�lo una burbuja, por lo cual, hoy en d�a, las bolsas estar�an muy caras, cerca de un 40 � 50%, y los precios que he citado no ser�an precios de oportunidad, ya que ellos esperan un panorama tanto econ�mico como burs�til muy negro. Y la segunda visi�n, ya positiva, es que la econom�a s� ha cambiado a mejor estructuralmente. Que ese quinquenio s� cambi� estructuralmente la econom�a mundial, porque ha habido una revoluci�n de la productividad, muy fomentada por el incremento de las tecnolog�as de la informaci�n, en todas las �reas econ�micas y empresariales; porque tambi�n se han visto conmocionadas las pol�ticas macroecon�micas, que han derivado hacia pol�ticas �ortodoxas�, de equilibrio presupuestario, de crecimiento de la competitividad, de tipos de inter�s bajo, de control de la inflaci�n, y, por �ltimo, porque �quiz� el factor m�s positivo�, por primera vez, se visualiza la posibilidad de un crecimiento econ�mico global. Con ello, no quiero decir que lo haya, sino que se vislumbra, se adivina, para los 6.000 millones de personas que somos en el mundo, no s�lo para los 600 que vivimos en Jap�n, Europa y Estados Unidos. Y esa posibilidad crea un mercado diez veces mayor, un hecho a�n no real pero posible; crea una globalizaci�n muy criticada por algunos, ya que tiene elementos criticables, sin duda, pero factible, con lo cual, estar�amos hablando de un mercado de 6.000 millones de habitantes para todos los productos, lo que dotar�a a la econom�a de una potencia estructural tremenda, desconocida en cualquier otra �poca anterior. El caso es que, seg�n esta segunda teor�a positiva, los niveles de Bolsa que hemos dado anteriormente s� ser�an niveles de oportunidad, aunque pudi�ramos vivir ca�das del 5 � 10%.

 

No obstante, por ir terminando mi intervenci�n, creo que hay dos asuntos ineludibles. El primero es el que ata�e al pa�s de Argentina, con respecto al que me gustar�a lanzar una idea general: hoy d�a, Argentina no es esencial en las bolsas, ni siquiera en la espa�ola. Bien es cierto que compa��as espa�olas como Telef�nica, Repsol, etc., han perdido mucho all�, pero el impacto de su situaci�n �que se ha visto y se seguir� viendo, seg�n nuestra opini�n, con un impacto negativo adicional� es transitorio, pasajero, puesto que se produce cuando la crisis argentina se agudiza pero, a pesar de esto, no influye en que el IBEX no discurra en paralelo con los eurostocks, como podemos observar en los gr�ficos del �ltimo a�o. S�lo en algunos momentos como julio de 2001 o los primeros d�as de enero, se separan un poquito debido a que la bolsa espa�ola recoge el efecto argentino, aunque, insisto, no es asunto esencial para la Bolsa hoy en d�a. S� lo es, en cambio, la vuelta a un modelo de crecimiento y la correcci�n de los desequilibrios. Otra cosa es que la situaci�n argentina todav�a vaya a dar disgustos en la bolsa espa�ola, que los dar�; situaci�n que, por cierto, deriva de casi diez a�os de pol�ticas econ�micas equivocadas y que, aun empez�ndose a hacer las cosas muy bien, todav�a va a hacerle pasar mal trago a aquella econom�a. Efectivamente, en Argentina, sigue habiendo muchas inc�gnitas: la primera de ellas es la relaci�n peso-d�lar (todas las empresas espa�olas, seg�n el Instituto de Rentabilidad, cerraron las cuentas del ejercicio 2001 al tipo de cambio 1,7 peso-d�lar, y ayer ese tipo ya estaba en 2,3), devaluada y causante de que empresas como Repsol o Telef�nica deban destinar una cantidad adicional, casi 500 millones de euros, a reservas; m�s de 100 millones en el caso de los bancos. Por el momento, seg�n nuestra opini�n, el tipo de cambio peso-d�lar se deslizar� a niveles de 2,5 e incluso algo m�s bajos. Ahora bien, hay otras inc�gnitas tales como los impuestos sobre el petr�leo para las empresas y dem�s a tenor de que cada d�a hay novedades en las propuestas de la pol�tica econ�mica; as� que todo es una incertidumbre.

 

Por tanto, �qu� podemos concluir? Que la situaci�n argentina todav�a tiene un impacto adicional. Quiz� el �nico factor que ha mejorado sea la consolidaci�n del gobierno de Duhalde, con lo cual, en absoluto quiero lanzar una soflama pol�tica a favor de �ste, sino indicar que probablemente un tipo gubernamental como el de ahora sea lo mejor en una situaci�n tendente al caos, a la anarqu�a. En mi opini�n, es de los pocos pol�ticos capaces de estabilizar o controlar de alguna manera el conflicto, por lo que creo conveniente, insisto, que se consolide. Para m�, es el �nico capaz de hacer algo tremendamente inc�modo: repartir el quebranto entre los ciudadanos y las empresas de manera al�cuota.  Y, por dicha raz�n, creo que habr�a sido much�simo peor �y ese riesgo ha existido� que el gobierno de Duhalde no se hubiera consolidado y se hubiera entrado en una situaci�n preelectoral an�rquica o de gran vac�o gubernamental. Claro que tambi�n hay otros factores igualmente positivos, como, por ejemplo, la ausencia de contagio a pa�ses como Brasil, M�jico o Chile. Es m�s, M�jico acaba de tener una subida de renting y Brasil, aparte de que est�n bajando los tipos y de que el diferencial de inter�s que se paga est� mejorando a la vez que empeora en Argentina, tiene una moneda que se est� apreciando respecto al d�lar: o sea, que todo indica que, lejos de haber un efecto de contagio, m�s bien hay un efecto de vacuna, al menos, por el momento. Es como si estos pa�ses lim�trofes estuvieran viendo que las pol�ticas econ�micas equivocadas dan lugar a desastres econ�micos y, ante eso, estuvieran poniendo remedio. No obstante, s� que, en otros pa�ses, lamentablemente, la cosa no est� yendo tan bien, tal es el caso de Venezuela. As� que, en resumen, Argentina puede tener alg�n impacto adicional y puede crear momentos de oportunidad en la bolsa. Particularmente, creemos que ese impacto ya se ha reflejado pr�cticamente del todo en valores como los de Telef�nica y Endesa, y que a�n puede seguir reflej�ndose, en alg�n momento concreto, en los dos grandes bancos y en Repsol. 

 

En lo que respecta al otro asunto ineludible, sociedad de la informaci�n y valores tecnol�gicos, tambi�n intentar� sintetizar mi opini�n. Lo cierto es que hoy no est� muy de moda hablar bien de la tecnolog�a y de sus valores; se ha ca�do aquel fascinante discurso que practicaban no s�lo los analistas, sino tambi�n los pol�ticos o los responsables de barcos o empresas. Sin embargo, en nuestra opini�n, el avance hacia la sociedad de la informaci�n va a ser el gran fen�meno econ�mico de este siglo XXI; al menos, en sus comienzos. Eso significa que, en las empresas que trabajan en ese entorno, va a existir una gran creaci�n de riqueza; sin obviar, eso s�, que es un proceso que llevar� a�os, no tan inmediato como se pensaba. As�, no es de extra�ar que aquellas empresas que dispon�an de poco m�sculo financiero no hayan podido sobrevivir. Una empresa concesionaria de una autopista, por ejemplo, debe invertir elevadas sumas de dinero y esperar varios a�os a que el tr�fico fluya para que el negocio le resulte rentable. Por tanto, de igual modo, para construir empresas que den servicio a la sociedad de la informaci�n, hay que poseer muy buen m�sculo financiero, porque �sta no es aventura de dos d�as. �sa es la primera lecci�n respecto a la situaci�n actual y la ocurrida en los tiempos m�s recientes.

 

La segunda lecci�n versa sobre aquellos modelos de negocio tan equivocados que trataron Internet como si fuera Marte y, por tanto, a la gente que se dedicaba a este entorno como si fueran marcianos, seres extra�os, de otro mundo, simplemente porque se pens� que estas empresas eran nuevas, distintas. Y no est� siendo as�. Hoy d�a, lo que funciona, lo que triunfa, no es la ruptura, no es inventar cosas nuevas, desconectadas de lo dem�s, sino integrar. En definitiva, en el caso de Internet, de lo que se trata es de acercarse a este medio no ya como si fuera una cosa aislada, sino intentando integrarlo en los procesos empresariales tradicionales; es decir, intentar potenciar lo que ya se ven�a haciendo con el uso de Internet. Nosotros, en nuestra empresa, Renta/4, estamos teniendo una experiencia muy positiva en ese sentido; pero, como ejemplo de aut�ntico buen funcionamiento, quiero citar el caso de El Corte Ingl�s. Esta empresa dispone de un magn�fico sistema a tal efecto: un sitio en Internet desde el que los ciudadanos pueden hacer sus compras sin tener que desplazarse hasta sus centros, e incluso sin ni siquiera tener que llamar por tel�fono, y por el que pueden disponer puntualmente del producto en su casa, con toda comodidad. Es, por ello, un excelente ejemplo de la aplicaci�n imaginativa de la nueva tecnolog�a a una empresa tradicional. De buen aprovechamiento de lo nuevo para continuar con lo de siempre, sin realizar experimentos, siempre peligrosos, de innovaci�n total. As� que, para concluir, debe quedar claro que los nuevos negocios de Internet deben responder a las mismas variables b�sicas de los negocios tradicionales. Precisamente por no concebirse el proceso de tal modo, se cometi� ese gran error del que les acabo de hablar durante aquel fascinante e interesante periodo en el que parec�a que Internet era, por s� solo, el nuevo mundo. Y no es que no lo sea, simplemente se trata de no acabar desplazando lo tradicional, que es lo que entonces se hac�a y la verdadera equivocaci�n. O sea, que, en definitiva, no debe haber sustituci�n ni desplazamiento, sino, como en todo en la vida, integraci�n y continuidad. Y, como punto final, habida cuenta de lo anterior, es aconsejable la inversi�n en el mundo de los valores tecnol�gicos, ya que, a pesar de ser �stos valores de riesgo, se trata de un mundo de enorme potencialidad. Siempre que se trate, repito porque es importante, de empresas con buen m�sculo financiero y buen modelo de negocio.

subir

atr�s