Isabel Mar�a P�rez analiza en el Aula HOY el signo tr�gico de Carolina Coronado

La escritora �brill� en el Badajoz de su tiempo por su audacia e inteligencia

LA PROFESORA ISABEL MAR�A P�REZ GONZ�LEZ, AUTORA DE UNA PROFUNDA Y ANAL�TICA BIOGRAF�A SOBRE CAROLINA CORONADO, INTERVINO ANOCHE EN EL AULA HOY ANTE UN AUDITORIO QUE SIGUI� CON DELECTACI�N SU DESCRIPCI�N DE LA PERSONALIDAD HUMANA Y ART�STICA DE LA ESCRITORA. LA CONFERENCIA DE ISABEL MAR�A P�REZ DEJ� CLARO QUE POR ENCIMA DEL PERFIL LINEAL DEL MITO SE HACE M�S APRECIABLE LA VIDA REAL DE UNA MUJER QUE FUE ABANDERADA DE LAS CAUSAS DE LA LIBERTAD EN ESTE PA�S Y MAESTRA PRECOZ DE AUTORES ROM�NTICOS

La bien medida charla de la conferenciante reconstruy� para los espectadores los anhelos, las razones, las neurosis y el profundo dolor que rigieron la vida de Carolina Coronado. Isabel Mar�a le atribuye el haber recogido la tragedia como una de las primeras lecciones de su apasionada existencia. Sobre su familia almendralejense se hizo sentir el peso de la la contienda pol�tica. Su abuelo fue asesinado por sus ideas liberables y su padre padeci� c rcel durante unos tiempos en los que la madre de Carolina le visitaba diariamente en la c rcel de Badajoz acompa�ada de sus hijos, incluida la impresionable futura escritora.

Carolina fue una mujer �de tristeza enfermiza� que fue sorteando sus neurosis a lo largo de su vida y ejercit� la pasi�n de los rom nticos y la convicci�n de sus ideas.

Audaz, inteligente y bella

Isabel Mar�a P�rez la describe en Badajoz, ya famosa por la admiraci�n de los poetas que alabaron sus libros y dice que en la ciudad �brillaba a golpe de audacia, inteligencia y belleza�.

Lejos de tratar de epatar, la escritora defendi� siempre sus convicciones en el foro p�blico, luchando por la abolici�n de la pena de muerte y la esclavitud y llevando hasta sus versos el dolor de las mujeres maltratadas y la tragedia de las esposas relegadas por sus propios maridos a una existencia que les imped�a realizarse personalmente.

El personaje de Carolina qued� al descubierto en su desvalimiento con respecto al amor. La mujer que jur� fidelidad al recuerdo de su primer enamorado y que hab�a rechazado las propuestas de relaci�n de Donoso Cort�s y Mart�nez de la Rosa, cay� rendida ante el encanto de un diplom tico norteamericano, Horacio Justus Perry.

Isabel Mar�a la describe como soporte de la carrera diplom tica de su marido y su valedora en los momentos dif�ciles, gracias al prestigio que hab�a logrado con su obra literaria y la rotundidad de sus actuaciones p�blicas.

Declive

Luego vino su declive personal, aumentado por los fallecimientos de dos de sus hijos y por la posterior muerte de su esposo.

La locura oscureci� sus �ltimos a�os en Portugal, pero no pudo restarle la clarividencia de seguir anclada a sus posesiones m s preciadas: Los recuerdos de una Extremadura cuyo paisaje transform� en poes�a y de la que admiraba las cosas m s sencillas, como su famosa 'rama de adelfa del G�vora querido'. Tras el fallecimiento de Carolina, su cad ver y el de su esposo fueron tra�dos a Badajoz en cuyo cementerio descansan y donde fueron recibidos por una gran multitud.

Cuando a Isabel Mar�a le preguntaron por la pol�mica sobre la reclamaci�n que desde Almendralejo se ha realizado de su cad ver, la bi�grafa prefiri� dejar la decisi�n en manos de sus descendientes y reivindic� m s bien la exaltaci�n de su memoria y su obra. Sugiri� por eso que quiz un nuevo monumento deber�a engrandecer en Badajoz su recuerdo.

 

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